He visto a Raúl Zurita.

Lo he visto hablando desde lo más alto que los lugares comunes le permiten. Parece haber vivido una vida antes sólo para reflexionar… dedicando ésta a comentar sus conclusiones.  Un poeta que abraza la vida en su grandeza y sus detalles, siempre con la misma intensidad.  “En nuestros pobres cuerpos caben y están las cosas más alucinantes”.

Quizás es su formación como ingeniero la que le brinda esa claridad y ese análisis puro a flor de piel.  Como si fuera evidente que es “la humana conciencia de la muerte la que hace urgente al amor” o que las palabras son el último y sublime intento por eliminar el espacio que nos separa de lo eterno ya que “el amor mismo es más grande que la palabra amor”. Evidente para él, quien desde su plano abstracto logra una perspectiva que le facilita la observación.

Su obra viaja desde aquel espacio atemporal en que es concebida hacia las más altas esferas y luego desciende transparente a impregnarse en nuestra superficie.

No nos hemos perdido

No nos hemos perdido.
Infinitas batallas nos preceden,
incontables cadáveres hinchándose
sin fin bajo las lluvias
y músculos y tendones rotos emergiendo
como sueños entre los botones de tierra.
Nos preceden veraces campos,
fértiles trigales abonados sólo con sangre,
siglos enteros labrados a destiempo,
generaciones igual que árboles quemándose
en la tormenta.
Pero nosotros no nos perdimos.

Entre las luces de las estrellas
que no llegaron a destino y los ojos húmedos
que chirriaron ardiendo en las antorchas
Entre las cenizas de los cuerpos
aún pegadas a los muros
Entre los mares derrumbándose
y las falsas Ítacas refulgiendo frente a Nadie
Nosotros no nos perdimos.

Miles de otras naves nos esperaban
Océanos de muertos nos querían llevar consigo
Sirenas como racimos nos llamaron con su canto
Pero nosotros no nos perdimos.

Y por eso ningún cadáver
ni ningún grumo de sangre
que cantó cuajado en el hueso
ni ningún tendón roto vendido en el canasto
ni ningún amanecer asombrado entre los verdugos
ni ninguna ruina ni naufragio
dejó de encontrar el cielo
que es nuestro y es de todos.

Porque nos encontramos no sucumbió la eternidad
Porque tú y yo no nos perdimos
ningún cuerpo
ni sueño ni amor fue perdido.

Acerca de la intensidad en el arte, Zurita plantea la necesidad de buscar el extremo, de llegar a expresar el máximo, lo imposible, desmarcarnos de nuestras limitaciones, cual Dante al escribir la Divina Comedia, con ese anhelo solitario de querer oír de su amada las palabras que la vida y la muerte le negaron, como si no fuera el mismo quien las escribe.

“Hasta que finalmente no haya cielo sino Desierto de Atacama, y todos veamos entonces nuestras propias pampas, fosforescentes, carajas, encumbrándose en el horizonte”

Luego de su última publicación, Zurita, manifestó haberse quedado en blanco, un blanco de paz, de calma, de meta.  Aún así algo me dice que volveremos a oír de el, ya que la creación, cual partitura, necesita de silencios, pero es un trabajador incesante y a tiempo completo. Y ya lo ha dicho el propio poeta: No hay domingos para la vaca.

Anuncios