Arthur Schopenhauer
De todo eso resulta que toda felicidad se basa únicamente en la proporción entre nuestras pretensiones y aquello que obtenemos: da igual lo grandes o pequeñas que sean las dos magnitudes de esa proporción, pudiendo esta establecerse tanto por la disminución de la primera magnitud como por el incremento de la segunda: también resultó que todo sufrimiento nace en realidad de la desproporción entre aquello que exigimos y esperamos y lo que nos ocurre, desproporción que no se encuentra más que en el conocimiento y podría suprimirse completamente con una mejor comprensión. Por eso dijo Crisipo: δει ζην κατ’εμπειριαν των φυσελ συμβαινοντων [Hay que vivir conforme a la experiencia de lo que naturalmente suele ocurrir.] (Stobeo, Ecle., libro II, cap. 7, p. 134), es decir, se debe vivir con un adecuado conocimiento del curso de las cosas en el mundo. Pues siempre que un hombre pierde de alguna manera los nervios, es derribado por una desgracia o se enoja o desanima, con ello muestra que encuentra las cosas distintas de lo que esperaba y, por consiguiente, que estaba en un error, que no conocía el mundo ni la vida, que no sabía cómo la naturaleza inerte a través del azar, y la animada por medio de los fines opuestos y la maldad, contrarían a cada paso la voluntad del individuo: así pues, o bien no ha utilizado su razón para alcanzar un saber general de esa índole de la vida, o bien le falta juicio, si es que no reconoce en lo individual lo que sabe en general, y por eso se sorprende y pierde los nervios. Así, toda viva alegría es un error, una ilusión, porque ningún deseo alcanzado puede satisfacer de forma duradera y porque toda posesión y toda felicidad son simplemente prestadas por el azar durante un tiempo indeterminado y pueden así ser reclamadas a la siguiente hora. Pero todo dolor se basa en la desaparición de esa ilusión: ambos surgen, pues, de un deficiente conocimiento: por eso el júbilo y el dolor permanecen siempre lejos del sabio, y ningún acontecimiento perturba su ataraxia.
 
 
 
 El mundo como voluntad y representación
Arthur Schopenhauer
 
 
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