Misteriosos senderos entre precipicios de intrincadas montañas fueron el paisaje habitual de Van Gogh, anhelando desde lejos ese valle al cual se llega luego de árduas jornadas, estudiando siempre, siempre trabajando.  Admirando con su humilde espíritu a los grandes alpinistas, los maestros, quienes en días pasados hubieron alcanzado aquel valle.

 

  Vincent Van Gogh – Wheat Field with Rising Sun – 1889

 
 

Vincent Van Gogh – Wheat Field Under Threatening Skies – 1890

 
 

Vincent Van Gogh – Starry Night over the Rhone – 1890

 
 

Vincent Van Gogh – A Pair of Shoes – 1886

 
 

Vincent Van Gogh  – Mulberry Tree – 1889

 
 

Paul Gauguin -Van Gogh peignant des tournesols – 1888

 
 
 
¡Ah!… no quiero olvidarme de decirte una cosa, en la cual he pensado con mucha frecuencia. Por una completa casualidad he hallado en un viejo periódico una frase escrita sobre una antigua tumba en los alrededores de aquí, en Carpentras. Fíjate en este epitafio, muy, muy, muy antiguo; del tiempo –digamos – de la Salambó de Flaubert.
«Thébé, hija de Thelhui, sacerdotisa de Osiris, que nunca se quejó de nadie».
Si ves a Gauguin, cuéntaselo.
Y pensé en una mujer marchita; tú tienes en tu casa el estudio de esa mujer que tenía los ojos tan extraños y que yo había encontrado por otra casualidad.
¿Qué significa esto de «ella nunca se quejo de nadie»? Imagínate una eternidad perfecta -¿por qué no?-; pero no olvidemos que la realidad en los siglos antiguos tiene esto: «y ella nunca se quejó de nadie».
¿Te acuerdas de un domingo en que el bueno de Thomas vino a vernos y que dijo: «¡Ah!, pero, ¿son mujeres como éstas las que os excitan?» No; ésta precisamente no siempre excita; pero en fin, de vez en cuando, en la vida, uno se siente desconcertado como si echara raíces en el suelo.
Ahora me hablas del «verdadero Mediodía» y yo decía que, en fin, me parecía un lugar conveniente para gente más completa que yo. El «verdadero Mediodía» ¿no será tal vez el lugar que ofrezca una razón, una paciencia, una serenidad suficiente para volverse como esta buena «Thébé, hija de Thelhui, sacerdotisa de Osiris, que nunca se quejó de nadie»? A su lado, me siento como un ser ingrato.
A ti y a tu mujer, en ocasión de tu boda, esa sería la alegría, la serenidad que pediría para vosotros dos: poseer interiormente este verdadero mediodía en el alma.
Si quiero que esta carta salga hoy es necesario que la termine; un apretón de manos, buen viaje y muchas cosas a la madre y la hermana.
Todo tuyo.
 
Vincent.  
 
 
(Carta a su hermano Théo – 24 de Marzo de 1889)
 
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Vincent Van Gogh
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