Pensemos una realidad donde todo es posible.  No es el hecho de pensar en ella lo que la hace real? Es la visualización de nuestros pensamientos, el primer paso para materializarlos?

Visualizar se concibe como hacer visible o imaginar lo que normalmente no aparece a la vista, hacer comprensible un concepto abstracto con imágenes, esquemas, etc…

Uno de los más grandes genios que ha conocido nuestra civilización, Nikola Tesla, desarrolló sus grandes y revolucionarias invenciones íntegramente en el espacio sublime del imaginario. En su fructífera vida como creador nunca requirió de planos o bocetos, ya que transitó durante toda su vida por el camino de lo invisible. Gracias a su enorme capacidad de visualización fue capaz de “concretar” a nivel mental todo cuanto imaginó, ninguna idea emergía desde su interior a menos que estuviera resuelta a la perfección, aunque esto le tomara décadas.

Algunos de sus principales proyectos fueron concebidos durante su niñez y llevados a cabo con la máxima precisión más de treinta años después.

La idea origina la forma, la palabra, la imagen, lo que es real.  A mayor precisión mental, mejor manifestación de nuestras intenciones en cualquier ámbito. La capacidad de observación cotidiana y de análisis nos permiten definir mejor estas representaciones, hasta llegar a ser capaces de visualizar con claridad nuestros pensamientos.

Ser capaces de enfocar nuestra energía en una idea de cualquier ámbito nos acerca a los objetivos y nos permite inventar, nos permite crear.  Mente clara, concentración y enfoque, las palabras mágicas de los portales de la creación.

Lo inimaginable está por verse.

Giordano Luca – Psyche Served by invisible Spirits, 1692-1702

Polo: —…Tal vez este jardín sólo asoma sus terrazas sobre el lago de nuestra mente…

Kublai: —…y por lejos que nos lleven nuestras atormentadas empresas de condotieros y de mercaderes, ambos custodiamos dentro de nosotros esta sombra silenciosa, esta conversación pausada, esta noche siempre igual.

Polo: —A menos que sea cierta la hipótesis opuesta: que quienes se afanan en los campamentos y en los puertos existan sólo porque los pensamos nosotros dos, encerrados entre estos setos de bambú, inmóviles desde siempre.

Kublai: —Que no existan la fatiga, los alaridos, las heridas, el hedor, sino solo esta planta de azalea.

Polo: —Que los cargadores, los picapedreros, los barrenderos, las cocineras que limpian las entrañas de los pollos, las lavanderas inclinadas sobre la piedra, las madres de familia que revuelven el arroz mientras amamantan a los recién nacidos, existan sólo porque nosotros los pensamos.

Kublai: —A decir verdad, yo no los pienso nunca.

Polo: —Entonces no existen.

Kublai: —No creo que esa conjetura nos convenga. Sin ellos nunca podríamos estar meciéndonos arrebujados en nuestras hamacas.

Polo: —Hay que excluir la hipótesis, entonces. Por lo tanto será cierta la otra: que existan ellos y no nosotros.

Kublai: —Hemos demostrado que si existiéramos, no estaríamos aquí.

Polo: —Pero en realidad estamos.

Las Ciudades Continuas 1 – Las Ciudades Invisibles, Italo Calvino.
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