David Bohm

A propósito de esto, la medida no se consideraba en un sentido moderno, primario, como una especie de comparación de un objeto con un patrón externo, o unidad; este último procedimiento se consideraba más bien como una forma de exteriorizar una «medida interna» más profunda, que tenía un papel esencial en todas las cosas. Cuando algo iba más allá de su propia medida, esto no quería decir solamente que no estaba de acuerdo con un patrón exterior de lo que era correcto, sino, más aún, que era interiormente inarmónico, por lo que estaba destinado a perder su integridad y descomponerse en fragmentos.

Podemos asomarnos un poco a este modo de pensar cuando consideramos los significados primitivos de ciertas palabras.

Así, la palabra latina mederi, que significaba «curar» (raíz de la moderna «medicina»), se basa en una raíz que significa «medir». Esto refleja el concepto de que se consideraba la salud física como el resultado de un estado de orden y medida interiores en todas las partes y procesos del cuerpo.

También la palabra «moderación», que describe una de las más importantes nociones antiguas de virtud, tiene la misma raíz, y muestra que se consideraba esta virtud como el resultado de una medida interna subyacente a las acciones sociales y al comportamiento del hombre.

La palabra «meditación», que también tiene la misma raíz, supone una especie de ponderación (pesaje) o medida de todo el proceso del pensar, que llevará las actividades internas de la mente a un estado de armoniosa medida.

Así, física, social y mentalmente, la consciencia de la medida interna de las cosas fue considerada como la clave esencial de una vida saludable, feliz y armoniosa.

Está claro que la medida se expresa con más detalle por medio de la proporción o ratio; y ratio es la palabra latina de la cual ha derivado nuestra moderna «razón». Según el concepto antiguo, la razón se ve como la observación de una totalidad de «ratio» o proporción que se puede aplicar interiormente a la verdadera naturaleza de las cosas (y no sólo exteriormente, como una forma de comparación con un patrón o unidad). Desde luego, esta ratio no es necesariamente una mera proporción numérica (aunque, naturalmente, también la incluya), sino que más bien es, en general, una especie de proporción o relación universal cualitativa. Así, cuando Newton percibió el concepto de la gravitación universal, lo que vio podría escribirse así: «Igual que cae la manzana, así cae la luna y, ciertamente, así lo hacen todas las cosas». Para mostrar la forma de ratio más explícitamente, se puede escribir:

A:B::C:D::E:F

en donde A y B representan posiciones sucesivas de la manzana en momentos sucesivos de tiempo, C y D las de la luna, y E y F las de cualquier otro objeto.

Dondequiera que encontremos una razón teórica para algo, estaremos poniendo un ejemplo de esta noción de ratio, en el sentido de que esta razón supone que, del mismo modo que los diferentes aspectos están relacionados en nuestra idea, así estarán relacionados en la cosa a la que se refiere la idea. La razón esencial o ratio de una cosa es, pues, la totalidad de las proporciones internas en su estructura y en el proceso en el cual se forma, se mantiene y, finalmente, se disuelve. En este aspecto, comprender esta ratio es comprender el «ser más íntimo» de esta cosa.

Esto supone que la medida es una forma de penetrar en la esencia de todas las cosas, y que la percepción del hombre, al seguir los caminos que le señala, será clara y, por consiguiente, producirá una acción generalmente ordenada y una vida armoniosa. A este propósito será conveniente recordar las nociones de medida de los antiguos griegos en la música y en las artes visuales. Estas nociones subrayan que el contar con la medida fue la clave para comprender la armonía en la música (por ejemplo, la medida como ritmo, la proporción adecuada en la intensidad del sonido, la proporción adecuada en la tonalidad, etcétera).

Del mismo modo, en las artes visuales se consideraba la medida adecuada como esencial para la armonía del conjunto y la belleza (por ejemplo, considérese el «segmento áureo»).

Todo esto indica lo lejos que llegó a ir esta noción de medida, mucho más allá de la comparación con un patrón externo, hasta llegar a una especie de razón interna, o proporción, percibida tanto por los sentidos como por la mente.

David Bohm
La Totalidad y el Orden Implicado, 1980
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