Archivos para la categoría: MÚSICA

 
My Favorite Things, Julie Andrews
Richard Rogers y Oscar Hammerstein para “The Sound of Music” (Broadway), 1959.
 
My Favorite Things, John Coltrane
McCoy Tyner (Piano), Elvin Jones (Batería) y Steve Davis (Bajo), 1959.
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Erik Satie, Trois Gymnopédies
1888 
 
Erik Satie
Erik Satie, Suzanne Valadon
1893

Miles Davis

In a Silent Way / It’s About That Time / In a Silent Way
Miles Davis – In a Silent Way, 1969

Erik Truffaz

Scody, Pt.2 – Erik Truffaz, The Walk of the Giant Turtle – 2003

Cordillera de Los Andes - Perú

Alba
 
The Real Andes Series,  2006
Producido por Micki González

Piotr Ouspenski

“Entre el arte objetivo y el arte subjetivo, la diferencia estriba en esto: que en el primer caso el artista «crea» realmente — hace lo que tiene intención- de hacer, introduce en su obra las ideas y los sentimientos que él quiere. Y la acción de su obra sobre la gente es absolutamente precisa; ellos recibirán, cada uno según su nivel naturalmente, las mismas ideas y sentimientos que el artista ha querido transmitirles. Cuando se trata del arte objetivo, no puede haber nada accidental, ni en la creación de la obra misma, ni en las impresiones que ella produce.

“Cuando se trata del arte subjetivo, todo es accidental. El artista, ya lo he dicho, no crea; en él, «ello se crea por sí solo». Lo que significa que tal artista está en poder de ideas, pensamientos y humores que él mismo no comprende y sobre los cuales no tiene el menor control. Ellos lo gobiernan, y se expresan por sí solos bajo una u otra forma. Y cuando accidentalmente han tomado tal o cual forma, esta forma, igualmente accidental, produce tal o cual acción sobre el espectador según sus humores, sus gustos, sus costumbres, según la naturaleza de la hipnosis en la cual vive. No hay aquí nada invariable, nada preciso. En el arte objetivo, por el contrario, no hay nada impreciso.

—¿No hay riesgo de que el arte desaparezca al precisarse así? preguntó uno de nosotros. Y ¿no hay justamente una cierta imprecisión, un no sé qué, que distingue el arte de — digamos, la ciencia? Si esta imprecisión desaparece, si el artista mismo cesa de ignorar lo que quiere obtener, si él sabe de antemano la impresión que su obra producirá en el público, entonces eso será un «libro»… Eso ya no será arte.

—Yo no sé de qué habla usted, dijo G. Tenemos medidas diferentes: yo aprecio el arte según la conciencia que tenga.

— usted lo aprecia tanto más cuanto más inconsciente sea. No podemos comprendernos. Una obra de arte objetivo debe ser un «libro», como usted dice; la única diferencia es que el artista no transmite sus ideas directamente a través de palabras, de signos o de jeroglíficos, sino a través de ciertos sentimientos que despierta conscientemente y de una manera metódica, sabiendo lo que hace y por qué lo hace.

—Ciertas leyendas, dijo entonces uno de los oyentes, hablan de estatuas de dioses, en los antiguos templos de Grecia — por ejemplo la estatua de Zeus en el Olimpo — que producían en todo el mundo una impresión bien definida, siempre la misma.

—Completamente exacto, dijo G. Y el hecho de que tales leyendas existan muestra que los Antiguos habían comprendido la diferencia entre el arte verdadero y el arte falso; el efecto producido por el primero es siempre el mismo, el efecto producido por el segundo es siempre accidental.

—¿No podría indicarnos otras obras de arte objetivo? ¿Hay acaso algo que se pueda llamar objetivo en el arte contemporáneo? ¿Cuándo ha sido creada la última obra de arte objetivo?

Casi todo el mundo había comenzado a hablar y a hacer preguntas de este orden a G.

—Antes de hablar de lodo esto, respondió él, deberían comprender los principios. Si los comprenden, ustedes mismos serán capaces de responder a todas estas preguntas. Pero si no comprenden los principios, nada de lo que les diga les podrá explicar algo. Es en referencia a esto que se ha dicho: mirarán con sus ojos y no verán, escucharán con sus oídos y no oirán.

“No les daré más que un ejemplo — la música. La música objetiva se basa enteramente en las octavas interiores. Y puede dar resultados precisos no solamente de orden psicológico, sino de orden físico. Existe una música tal que congela las aguas. Existe una música capaz de matar instantáneamente a un hombre. La historia de la destrucción de las murallas de Jericó por la música es una leyenda de la música objetiva. La música ordinaria, cualquiera que sea, jamás hará derrumbar murallas, pero la música objetiva verdaderamente puede hacerlo. Y no solamente puede destruir, sino que también puede edificar. La leyenda de Orfeo está tejida sobre tales recuerdos de música objetiva, porque Orfeo se servía de la música para enseñar. La música de los encantadores de serpientes en el Oriente tiende hacia la música objetiva, pero de una manera muy primitiva. A menudo, no se trata sino de una sola nota, apenas modulada, y prolongada indefinidamente; en esta simple nota se desarrollan sin cesar las «octavas interiores», y en estas octavas se desarrollan melodías que no se pueden oír, pero que pueden ser experimentadas por el centro emocional. Y la serpiente oye esta música o, más exactamente, la siente, y la obedece. Una música de esta clase, sólo que un poco más compleja, haría obedecer a los hombres.

“Así, ustedes ven que el arte no es solamente un lenguaje sino algo mucho más grande. Y si recuerdan lo que he dicho sobre los diferentes niveles del hombre, comprenderán lo que acabo de decir sobre el arte. La humanidad mecánica está compuesta de hombres números 1, 2 y 3, y naturalmente no pueden tener más que un arte subjetivo. El arte objetivo requiere por lo menos relámpagos de conciencia objetiva; para estar en condiciones de recibir algo de ello, se necesita una gran unidad interior y un gran dominio de sí.”

Fragmentos de una enseñanza desconocida
P.D. Ouspensky

Stolen Moments, Oliver Nelson Septet
The Blues and the Abstract True, 1961