Archivos para las entradas con etiqueta: pintura

En el fluir del río cuando los peces saltan nuestro universo danza,
en el sutil mecer de una hoja que cae,
o a la velocidad de la luz con los planetas que persiguen su estrella,
como esplendor energizante en cada gota que revienta con la ola,
es un giro,
es un salto, es el ritmo,
la música viva, es la montaña con su baile milenario,
el latido de la flor que peregrina expulsa sus semillas
al compás infinito del éter…

Edgar Degas, Yellow Dancers In the Wings-1874-76

Edgar Degas, Yellow Dancers In the Wings

Edgar Degas, Two Dancers-1898-99

Edgar Degas, Two Dancers

Edgar Degas, The Star-1879-81

Edgar Degas, The Star

Edgar Degas, The Russian dancers-1895

Edgar Degas, The Russian dancers

Edgar Degas, Swaying Dancer-1877-79

Edgar Degas, Swaying Dancer

Edgar Degas, Dancers-1884-85

Edgar Degas, Dancers

Edgar Degas, Dancer-1874

Edgar Degas, Dancer

Edgar Degas, Dance Class-1873-76

Edgar Degas, Dance Class

Edgar Degas, Blue Dancers-1890

Edgar Degas, Blue Dancers

Edgar Degas, Ballerinas-1899

Edgar Degas, Ballerinas

Edgar Degas, Ballerinas-1880

Edgar Degas, Ballerinas

Edgar Degas, Arabesque -Modeled 1885-90

Edgar Degas, Arabesque

Edgar Degas, Self_portrait-1850s

Edgar Degas, Self portrait

Vincent Van Gogh - Pont de Langlois

“Crows”
Dreams  – Akira Kurosawa, 1990
 
 

…Lo principal ahora no es pintar precozmente, sino ser, o al menos llegar a ser, un individuo. El arte de dominar la vida es el requisito previo para todas las formas nuevas de expresión, ya sean pinturas, esculturas, tragedias, o composiciones musicales…

Paul Klee – Ad Marginem, 1930

Paul Klee – Walpurgis Night, 1935

Paul Klee – Senecio, 1922

Paul Klee – Polyphony, 1932

Paul Klee – New Harmony, 1936

Paul Klee – Monument in Fertile Country, 1929

Paul Klee – Individualized Altimetry of Stripes, 1930

Paul Klee – Crystal Gradation, 1921

Paul Klee – Arches of the Bridge Break Ranks, 1937

Paul Klee – Ad Parnassum, 1932

“…
Mientras más larga una línea, más elemento de tiempo contiene. Distancia es tiempo…”
Paul Klee

“A finales del año 1612, en una fría mañana de diciembre, un joven, pobremente vestido, paseaba ante la puerta de una casa situada en la Rue des Grands-Augustins, en París. Tras haber caminado harto tiempo por esta calle, con la indecisión de un enamorado que no osa presentarse ante su primera amante, por más accesible que ella sea, acabó por franquear el umbral de aquella puerta y preguntó si el maestro Françoise Porbus estaba en casa. Ante la respuesta afirmativa que le dio una vieja ocupada en barrer el vestíbulo, el joven subió lentamente los peldaños, deteniéndose en cada escalón, cual un cortesano inexperto, inquieto por el recibimiento que el rey va a dispensarle. Al llegar al final de la escalera de caracol, permaneció un momento en el rellano, perplejo ante el aldabón grotesco que ornaba la puerta del taller donde, sin lugar a duda, trabajaba el pintor de Enrique IV que María de Médicis había abandonado por Rubens. El joven experimentaba esa profunda sensación que ha debido de hacer vibrar el corazón de los grandes artistas cuando, en el apogeo de su juventud y de su amor por el arte, se han acercado a un hombre genial o a alguna obra maestra. Existe en todos los sentimientos humanos una flor primitiva, engendrada por un noble entusiasmo, que va marchitándose poco a poco hasta que la felicidad no es ya sino un recuerdo, y la gloria una mentira. Entre estas frágiles emociones, nada se parece más al amor que la joven pasión de un artista que inicia el delicioso suplicio de su destino de gloria y de infortunio; pasión llena de audacia y de timidez, de creencias vagas y de desalientos concretos. Quien, ligero de bolsa, de genio naciente, no haya palpitado con vehemencia al presentarse ante un maestro siempre carecerá de una cuerda en el corazón, de un toque indefinible en el pincel, de sentimiento en la obra, de verdadera expresión poética. Aquellos fanfarrones que, pagados de sí mismos, creen demasiado pronto en el porvenir, no son gentes de talento sino para los necios. A este respecto, el joven desconocido parecía tener verdadero mérito, si el talento debe ser medido por esa timidez inicial, por ese pudor indefinible que los destinados a la gloria saben perder en el ejercicio de su arte, como las mujeres bellas pierden el suyo en el juego de la coquetería. El hábito del triunfo atenúa la duda y el pudor es, tal vez, una duda.

…”

de “La Obra Maestra Desconocida”
Honoré de Balzac, 1831
 
 
 
 
 

Nicolas Poussin – The Shepherds of Arcadia – 1638

 
 
 

Jan Gossaert “Mabuse” – Young Girl with Astronomic Instrument – 1520

La alegría suprema: abundancia del ser; la suma tranquilidad: modestia del ser.  En su efecto, lo mas peculiar del cielo es lo mas común.  La fuerza del alma proporciona la posibilidad de alcanzarlo.

La vida es la raíz de la muerte; la muerte es la raíz de la vida.  La bendición nace en la desgracia; la desgracia surge en la bendición.

Los necios buscan revelaciones estudiando los signos en el cielo y en la tierra, yo busco la sabiduría investigando los signos en el tiempo y en el mundo.

Lo que las leyes y las reglas no pueden abarcar es originario, cosa milagrosa.  Ello produce todas las imágenes: las figuras del ser y los signos del tiempo, la actividad de los dioses y el secreto de los espíritus.

El misterio de como lo turbio y lo claro se vencen mutuamente … helo aquí con misteriosa claridad, lo más sublime:  la idea.

Del Yin Fu King, el libro de los complementos misteriosos.
 

 Albrecht Dürer – Melancolía – 1514

 Albrecht Dürer – Study of an Architect – 1506

 Albrecht Dürer – Apollo and Diana – 1502

 Albrecht Dürer – Rhinoceros – 1515

 Albrecht Dürer – Cupid the Honey Thief – 1495

 Albrecht Dürer – Christ among the Doctors – 1506

 Albrecht Dürer – Adoration of the Magi – 1504

 Albrecht Dürer – Self Portrait at 13 – 1484

Albrecht Dürer – Self Portrait at 22 – 1493

Albrecht Dürer – Self Portrait at 26 – 1498

Albrecht Dürer – Self Portrait at 28 – 1500

Albrecht Dürer – Self Portrait as the Men of Sorrows – 1522

Misteriosos senderos entre precipicios de intrincadas montañas fueron el paisaje habitual de Van Gogh, anhelando desde lejos ese valle al cual se llega luego de árduas jornadas, estudiando siempre, siempre trabajando.  Admirando con su humilde espíritu a los grandes alpinistas, los maestros, quienes en días pasados hubieron alcanzado aquel valle.

 

  Vincent Van Gogh – Wheat Field with Rising Sun – 1889

 
 

Vincent Van Gogh – Wheat Field Under Threatening Skies – 1890

 
 

Vincent Van Gogh – Starry Night over the Rhone – 1890

 
 

Vincent Van Gogh – A Pair of Shoes – 1886

 
 

Vincent Van Gogh  – Mulberry Tree – 1889

 
 

Paul Gauguin -Van Gogh peignant des tournesols – 1888

 
 
 
¡Ah!… no quiero olvidarme de decirte una cosa, en la cual he pensado con mucha frecuencia. Por una completa casualidad he hallado en un viejo periódico una frase escrita sobre una antigua tumba en los alrededores de aquí, en Carpentras. Fíjate en este epitafio, muy, muy, muy antiguo; del tiempo –digamos – de la Salambó de Flaubert.
«Thébé, hija de Thelhui, sacerdotisa de Osiris, que nunca se quejó de nadie».
Si ves a Gauguin, cuéntaselo.
Y pensé en una mujer marchita; tú tienes en tu casa el estudio de esa mujer que tenía los ojos tan extraños y que yo había encontrado por otra casualidad.
¿Qué significa esto de «ella nunca se quejo de nadie»? Imagínate una eternidad perfecta -¿por qué no?-; pero no olvidemos que la realidad en los siglos antiguos tiene esto: «y ella nunca se quejó de nadie».
¿Te acuerdas de un domingo en que el bueno de Thomas vino a vernos y que dijo: «¡Ah!, pero, ¿son mujeres como éstas las que os excitan?» No; ésta precisamente no siempre excita; pero en fin, de vez en cuando, en la vida, uno se siente desconcertado como si echara raíces en el suelo.
Ahora me hablas del «verdadero Mediodía» y yo decía que, en fin, me parecía un lugar conveniente para gente más completa que yo. El «verdadero Mediodía» ¿no será tal vez el lugar que ofrezca una razón, una paciencia, una serenidad suficiente para volverse como esta buena «Thébé, hija de Thelhui, sacerdotisa de Osiris, que nunca se quejó de nadie»? A su lado, me siento como un ser ingrato.
A ti y a tu mujer, en ocasión de tu boda, esa sería la alegría, la serenidad que pediría para vosotros dos: poseer interiormente este verdadero mediodía en el alma.
Si quiero que esta carta salga hoy es necesario que la termine; un apretón de manos, buen viaje y muchas cosas a la madre y la hermana.
Todo tuyo.
 
Vincent.  
 
 
(Carta a su hermano Théo – 24 de Marzo de 1889)
 
Últimas Cartas desde la Locura
Vincent Van Gogh

Orden. La creación es una cosa de orden.

En las míticas cosmogonías, los artífices del mundo equilibraron los elementos que se encontraban en estado de caos, con su energía vital dotaron a este mundo de sentido.  Aquellos primeros artistas separaron el día de la noche, el fuego del hielo, el agua de la tierra… y originaron los ciclos.  Su arte es la armonía, el ritmo, el control de las  fuerzas y las vibraciones que contienen todo lo que ES.

Así inventaron al mundo, como una canción, en la que cada nota alberga un tono y tiempo, un sonido o un silencio.  Establecieron orden en el pentagrama universal.

Cosmogonía – Felipe Oyarzún – CGN1609

“… la configuración de elementos dentro de la imagen consiste en la persistente recurrencia de un punto sobre una línea, donde por medio de módulos y repeticiones en el espacio, se manifiesta un particular tiempo o ritmo, que de alguna manera hace patente la idea del sonido.

Además se puede destacar que simbólicamente punto y línea alude a la ideas de los opuestos o complementarios, donde el punto es femenino y la línea masculino. De esta manera, las fuerzas primigenias del universo se unen para dar a luz un particular espacio- tiempo, generando asimismo la idea de ritmo y sonido…” Cosmogonía – Felipe Oyarzún

Cosmogonía – Felipe Oyarzún – CGN1309

Cosmogonía (del griego κοσμογονία [kosmogonía] o κοσμογενία [kosmogenía], derivado de kosmos ‘mundo’ y gégona ‘nacer’. Narración mítica acerca del origen del universo y la  humanidad.